Del Estrecho de Ormuz a tu bolsillo: qué es la inflación y por qué importa

¿Qué tiene que ver el Estrecho de Ormuz, situado a miles de kilómetros de España, con lo que pagamos por llenar el depósito, hacer la compra o financiar una hipoteca? Mucho más de lo que parece.

Por Ormuz pasa una parte fundamental del petróleo que consume el mundo. Antes del conflicto de 2026, los flujos de crudo y productos petrolíferos a través del estrecho superaban los 20 millones de barriles diarios. Durante el segundo trimestre del año llegaron a reducirse hasta una media de 4,9 millones de barriles diarios, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA).

La interrupción contribuyó a fuertes movimientos en el precio del petróleo y recordó hasta qué punto un acontecimiento geopolítico puede terminar afectando a nuestros bolsillos. De hecho, el Banco Central Europeo continúa señalando el conflicto en Oriente Próximo como una fuente de presiones inflacionistas.

Todo ello se produce en un momento particular para la economía española. España creció un 0,7% durante el segundo trimestre de 2026 y un 2,7% respecto al año anterior, mientras que la eurozona avanzó un 0,6% trimestral y un 1,2% interanual. Al mismo tiempo, la inflación española se situó en agosto en el 4,3%, frente a una inflación armonizada del 3,2% para el conjunto de la eurozona.

Pero, más allá de Ormuz, el petróleo o las decisiones del BCE, empecemos por lo fundamental: ¿Qué es exactamente la inflación y por qué debería importarnos?

En pocas palabras

La inflación mide cuánto aumentan, en conjunto, los precios de los bienes y servicios que consumimos. Cuando los precios suben, nuestro dinero pierde poder adquisitivo: con la misma cantidad de euros podemos comprar menos cosas.

¿Qué es la inflación?

La inflación es el aumento generalizado y sostenido del nivel de precios de una economía.

Pongamos un ejemplo sencillo. Imaginemos que hace un año necesitábamos 100 euros para comprar una determinada cesta de productos. Si hoy necesitamos 104 euros para comprar exactamente lo mismo, esos precios habrán aumentado aproximadamente un 4%.

Eso no significa que todos los productos hayan subido un 4%. La gasolina puede haberse encarecido mucho más, mientras que el precio de una prenda de ropa podría mantenerse estable o incluso disminuir. La inflación trata de medir cómo evolucionan los precios en su conjunto.

Aquí aparece una de las confusiones más habituales: que baje la inflación no significa que bajen los precios.

Si la inflación pasa del 5% al 2%, los precios continúan aumentando, simplemente lo hacen a menor velocidad. Para que los precios disminuyan de forma generalizada tendría que producirse lo que conocemos como deflación.

¿Cómo se mide la inflación? El IPC

En España, el indicador más conocido para medir la inflación es el Índice de Precios de Consumo (IPC), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Para calcularlo se observa periódicamente la evolución del precio de una amplia cesta de bienes y servicios representativa del consumo de los hogares: alimentación, vivienda, electricidad, ropa, transporte, combustible, restaurantes, ocio o comunicaciones, entre muchos otros.

No todos tienen la misma importancia. Los productos y servicios a los que las familias destinan una mayor parte de su presupuesto tienen también un mayor peso dentro del índice.

Cuando escuchamos, por ejemplo, que “la inflación está en el 4,3%”, normalmente se está hablando de la tasa interanual: los precios son, de media, un 4,3% superiores a los registrados en el mismo mes del año anterior.

En agosto de 2026, el IPC español alcanzó precisamente el 4,3%, su nivel más elevado desde febrero de 2023. El transporte fue uno de los principales responsables del incremento, con una subida anual del 9,5%, influida especialmente por los combustibles.

Para comparar la inflación entre los distintos países europeos se utiliza además el Índice Armonizado de Precios de Consumo (IPCA). En agosto, este indicador se situó en España en el 4,6%, frente al 3,2% de la eurozona.

¿Qué es la inflación subyacente?

Junto al IPC general aparece frecuentemente otro concepto: la inflación subyacente.

Su objetivo es ayudarnos a identificar mejor la tendencia de fondo de los precios, eliminando algunos componentes que pueden experimentar movimientos muy fuertes en poco tiempo, especialmente la energía y determinados alimentos.

Volvamos al Estrecho de Ormuz.

Una interrupción del suministro de petróleo puede provocar un fuerte aumento de su precio y encarecer rápidamente los combustibles. Eso eleva la inflación general, pero no significa necesariamente que todos los precios de la economía estén aumentando al mismo ritmo.

Por eso economistas, inversores y bancos centrales observan ambas medidas. La inflación general refleja mejor lo que está pagando el consumidor; la subyacente ayuda a comprobar hasta qué punto las subidas de precios se están extendiendo por la economía.

En España, mientras el IPC general alcanzó el 4,3% en agosto, la inflación subyacente se situó bastante por debajo, en el 2,9%.

¿Por qué se produce la inflación?

No existe una única causa. Los precios pueden subir porque aumenta fuertemente la demanda, porque escasean determinados productos, porque aumentan los salarios y otros costes de producción o porque se encarecen materias primas esenciales como el petróleo o el gas.

Además, estos factores pueden terminar conectándose.

Si una empresa tiene que pagar más por transportar sus productos debido al aumento del combustible, puede decidir trasladar parte de ese coste a sus clientes. Si algo similar sucede en numerosos sectores, una subida inicialmente concentrada en la energía puede acabar extendiéndose al resto de la economía.

¿Cómo afecta la inflación a nuestros ahorros e inversiones?

Aquí es donde la inflación deja de ser simplemente una estadística económica.

Imaginemos que una persona mantiene 10.000 euros en una cuenta sin remuneración. Dentro de un año seguirá viendo 10.000 euros en su saldo. Pero si durante ese periodo los precios han aumentado un 4%, podrá comprar menos bienes y servicios con ese mismo dinero.

Por eso es importante distinguir entre rentabilidad nominal y rentabilidad real.

Si una inversión genera un 3% pero la inflación es del 4%, nuestro patrimonio habrá aumentado en euros, pero su poder adquisitivo habrá disminuido aproximadamente un 1%.

La inflación también afecta a los mercados a través de los tipos de interés. El objetivo del Banco Central Europeo es mantener la inflación en el 2% a medio plazo. Ante las actuales presiones sobre los precios, el BCE decidió el 10 de septiembre subir sus tipos oficiales en 0,25 puntos porcentuales, situando la facilidad de depósito en el 2,50%.

Los movimientos de tipos afectan, a su vez, a las hipotecas, los depósitos, los bonos, la renta variable y las valoraciones de las empresas. Para un inversor, por tanto, entender la inflación ayuda también a comprender buena parte de lo que sucede en los mercados financieros.

De Ormuz a nuestras inversiones

La economía está llena de conexiones que no siempre son evidentes.

Una alteración en el tráfico marítimo del Estrecho de Ormuz puede afectar al suministro mundial de petróleo. El petróleo puede encarecer el transporte y la producción. Unos costes más elevados pueden trasladarse a los precios. Una inflación persistentemente alta puede provocar una reacción del Banco Central Europeo. Y una variación de los tipos de interés puede terminar afectando al precio de los bonos, las acciones, los depósitos o las hipotecas.

Entender la inflación no consiste, por tanto, en memorizar el último dato del IPC. Se trata de comprender qué está provocando las subidas de precios, si estas pueden ser temporales o persistentes y qué consecuencias pueden tener para nuestro patrimonio.

Para un ahorrador o inversor, esa comprensión es una herramienta más para tomar decisiones con una visión informada y de largo plazo.

Preguntas frecuentes sobre la inflación

¿Cuál es la diferencia entre IPC e inflación?

El IPC es un índice que mide la evolución de los precios de una cesta representativa de bienes y servicios. La inflación es la variación que experimenta el nivel de precios, que habitualmente calculamos observando cuánto ha cambiado ese índice respecto al año anterior.

¿Qué baje la inflación significa que bajan los precios?

No. Si la inflación baja del 4% al 2%, los precios siguen aumentando, pero a menor velocidad. Una caída generalizada de los precios se denomina deflación.

¿Por qué subir los tipos de interés puede reducir la inflación?

Unos tipos más altos encarecen la financiación y tienden a moderar el consumo y la inversión. Si la demanda crece a menor velocidad, las empresas tienen menos margen para seguir aumentando precios. El efecto no es inmediato y depende de muchos otros factores.

¿Cómo afecta la inflación a una inversión?

La inflación reduce el poder adquisitivo de los rendimientos obtenidos. Por eso resulta útil observar no solo cuánto gana una inversión en términos nominales, sino también cuál es su rentabilidad real una vez descontado el efecto de la inflación.

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