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¿Qué es un derivado?

Algunos inversores profesionales, utilizan para sus inversiones productos derivados, un producto complejo que en ocasiones también suele estar presente en las carteras de algunos inversores particulares con una alta tolerancia al riesgo.

Definición de producto derivado.

Un producto derivado, como su propio nombre indica, es un producto cuya evolución, depende a su vez de la evolución de otro activo, que es conocido como activo subyacente. Este activo subyacente, puede ser un índice (Eurostoxx, Ibex, Dax…), una acción (Telefónica, Adidas, Nike…), una materia prima (Oro, Trigo, Petróleo…) o un par de divisas (euro/dólar, dólar/yen, euro/franco suizo…).

Derivados más utilizados.

El producto derivado por excelencia, es el futuro financiero, aunque cada vez es más frecuente el uso de otros derivados como pueden ser los CFDs o las opciones.

En futuros comentarios, iremos definiendo los diferentes tipos de derivados, pero hoy vamos a centrarnos en los futuros financieros.

¿Qué es un futuro?

Un futuro, es un derivado que nos permite, comprar o vender un determinado activo subyacente, en una fecha futura determinada. La fecha en la que estamos obligados a comprar o vender el activo subyacente, se denomina fecha de vencimiento.

Cuando compramos futuros, se dice que estamos largos, mientras que si vendemos futuros, se dice que estamos cortos.

Llegada la fecha de vencimiento, el comprador de futuros tiene la obligación de comprar el activo subyacente al precio en el que cotice en ese momento, ganando o perdiendo la diferencia entre el precio de compra del futuro (el día que hizo la operación con el derivado) y el precio del subyacente en el momento del vencimiento. Al revés, el vendedor de futuros, tendría la obligación de vender el activo subyacente al precio en el que cotice en ese momento, ganando o perdiendo la diferencia entre el precio de venta del futuro y el precio del subyacente en el momento del vencimiento.

Por supuesto, en todo momento antes del vencimiento, tanto el comprador como el vendedor del futuro puede deshacer su posición. Para ello, tendría que hacer la operación contraria, es decir, vender si está comprado de futuros y comprar si está vendido de futuros. Es decir, no es necesario llevar el futuro al vencimiento.

Veamos un ejemplo que pueda clarificar esta definición.

Imaginemos un inversor que compra un futuro de Telefónica, a 7,50€ con vencimiento a diciembre de 2018. Supongamos tres escenarios teniendo en cuenta que por norma general, un futuro sobre acciones, equivale a 100 acciones:

1- El comprador, deja el futuro hasta el vencimiento, donde Telefónica cotiza a 10€. Tendría entonces que comprar acciones a 10€, pero como compró su futuro a 7,50€ habría ganado con el futuro, 2,50€ por acción. Es decir, 250€.

2- El comprador, deja el futuro hasta el vencimiento, donde Telefónica cotiza a 7€. Tendría entonces que comprar acciones a 7€, pero como compró su futuro a 7,50€, habría perdido con el futuro 0,50€ por acción. Es decir, 50€.

3- El comprador, ve que en octubre Telefónica está cotizando a 9€. Como sabe que va ganando 1,50€ por acción, decide vender su futuro y consolidar su ganancia. A este echo se le conoce como cerrar la posición. Habría ganado 150€.

Una particularidad de los futuros, es que el comprador o vendedor del futuro no tiene que utilizar inicialmente la cantidad de dinero que supondría la compra o venta del subyacente, si no que solo tiene que poner un determinado porcentaje de la inversión equivalente, lo que se conoce como garantía.

Imaginemos por ejemplo alguien que compra 10 futuros de Telefónica a 8€. Su inversión equivalente serían 1000 acciones de Telefónica a 8€, o lo que es lo mismo 8.000€. Sin embargo, no necesita disponer de esa cantidad, ya que en un inicio, solo se le requerirán unas garantías, que generalmente suelen ascender a un 20% de la inversión equivalente.

Es por ello que los futuros, son productos apalancados, es decir, productos que nos permiten invertir por más dinero del que tenemos realmente, de ahí que sean productos de riesgo elevado y solo aptos para inversores con conocimientos financieros y experiencia.

Si se utilizan los futuros de una manera inadecuada, invirtiendo más dinero del que tenemos realmente por ejemplo, se podría llegar a perder toda la inversión. 

En el ejemplo anterior, un inversor que tiene 8.000€ en cuenta, y se compra 10 futuros de Telefónica a 8€, no tendría ningún problema, más allá de la posible pérdida que tuvieran las acciones en un momento determinado.

Sin embargo, si dispone solamente de 2.000€, si que podría meterse en problemas, ya que por garantías (20% x 8.000€ = 1.600€), podría comprar los 10 futuros, pero ante una caída del 15% de Telefónica, perdería 1.200€ (8.000€ de inversión equivalente x 15% de caída) de los 2.000€ de los que dispone, lo que supone una pérdida de un 60% de su capital.