¿Están preparados los inversores autogestionados para un cambio de ciclo?

Leíamos este fin de semana un artículo en el que hablaba sobre que en países como Reino Unido o Alemania, la mayoría de inversores particulares contrataba los servicios de un asesor financiero, mientras que España por su parte estaba a la cola de Europa a este respecto.

Esto es algo que llevamos mucho tiempo advirtiendo, y es que muchos inversores españoles se han acostumbrado al «asesoramiento» aparentemente desinteresado que recibían de su banco de toda la vida, un asesoramiento que como ya hemos advertido en otros artículos, puede ser todo menos independiente.

También es frecuente ver carteras de inversión que se han ido configurando con las ideas que se escuchan o leen en los medios de comunicación, algo que puede funcionar bien de manera puntual o cuando las bolsas son alcistas, pero que a largo plazo tiene por norma general, un mal resultado para el inversor.

Uno de los errores más frecuentes que cometen los inversores que tratan de gestionar su patrimonio de manera autodidacta, es que ven el mercado y la situación económica tomando como referencia lo que ha hecho el mercado el pasado. Por ejemplo, este tipo de inversores es muy dado a comprar fondos de inversión que lo han hecho muy bien en los últimos meses o años, sin pararse a pensar en cómo lo harán a futuro. También es bastante común en el inversor autogestionado, dejarse llevar por el pánico o la euforia en un momento determinado, algo que por norma general, lleva a tomar decisiones precipitadas y erróneas.

La diferencia principal que hay entre un asesor profesional y un inversor autogestionado es que el asesor, además de poseer la formación, experiencia y conocimientos adecuados, cuenta con medios y herramientas para analizar la situación a futuro y detectar que posibles hechos pueden afectar al mercado y dónde puede ser más aconsejable invertir. En este caso, la famosa frase «beneficios pasados no garantizan beneficios futuros«, es la máxima que todo gestor debe realizar en las carteras de sus clientes.

De echo, el éxito en la gestión radica en adelantarse a los acontecimientos y saber deshacer posiciones cuando el mercado puede ver peligrar su tendencia o tomarlas cuando es el momento más oportuno.

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